وَضَرَبَ ٱللَّهُ مَثَلٗا رَّجُلَيۡنِ أَحَدُهُمَآ أَبۡكَمُ لَا يَقۡدِرُ عَلَىٰ شَيۡءٖ وَهُوَ كَلٌّ عَلَىٰ مَوۡلَىٰهُ أَيۡنَمَا يُوَجِّههُّ لَا يَأۡتِ بِخَيۡرٍ هَلۡ يَسۡتَوِي هُوَ وَمَن يَأۡمُرُ بِٱلۡعَدۡلِ وَهُوَ عَلَىٰ صِرَٰطٖ مُّسۡتَقِيمٖ ٧٦
Wadaraballāhu mathalar rajulayni ahaduhumā abkamu lā yaqdiru 'alā shay'in wahuwa kallun 'alā mawlāhu aynamā yuwajjihhu lā ya'ti bikhayrin hal yastawī huwa waman ya'muru bil-'adli wahuwa 'alā sirātim mustaqīm
76. Dios les expone otro ejemplo [para que reflexionen acerca de Su unicidad]: ¿Acaso pueden equipararse dos personas: un incapaz y mudo que no hace nada bien y representa una carga para su tutor, y una persona que alza su voz para defender la justicia y está en el sendero recto?
Tafsir
76. Al-lah expone otro ejemplo sobre dos seres humanos para refutarlos: Uno de ellos es sordomudo y no puede escuchar, hablar ni entenderse. ¿Es la persona de tal condición ser igual a alguien que tiene un buen oído y puede hablar? Este último instruye a las personas a ser justas y él mismo lo es; está en el sendero recto en el que no hay confusión ni desvío. Entonces, ¿cómo tú, idólatra, comparas a Al-lah, que posee los atributos de majestad y perfección, con tus ídolos que no pueden oír ni hablar, y que no pueden otorgar ningún beneficio o librar de ningún perjuicio?