فَلَمَّا قَضَيۡنَا عَلَيۡهِ ٱلۡمَوۡتَ مَا دَلَّهُمۡ عَلَىٰ مَوۡتِهِۦٓ إِلَّا دَآبَّةُ ٱلۡأَرۡضِ تَأۡكُلُ مِنسَأَتَهُۥۖ فَلَمَّا خَرَّ تَبَيَّنَتِ ٱلۡجِنُّ أَن لَّوۡ كَانُواْ يَعۡلَمُونَ ٱلۡغَيۡبَ مَا لَبِثُواْ فِي ٱلۡعَذَابِ ٱلۡمُهِينِ ١٤
Falammā qadaynā 'alayhil-mawta mā dallahum 'alā mawtihī illā dābbatul-ardi ta'kulu minsa'atahū falammā kharra tabayyanatil-jinnu al law kānū ya'lamūnal-ghayba mā labithū fil-'adhābil-muhīn
14. Cuando decreté para él que muriera1, no les advirtió de su muerte sino un insecto2 que carcomió su bastón, y cuando [Salomón] se desplomó, se hizo evidente [para la gente] que si los yinn hubieran tenido conocimiento de lo oculto3, no habrían permanecido en el castigo humillante [de seguir trabajando].
Notas
1 Cuando el Profeta Salomón murió, quedó sentado en su trono, apoyado en su bastón, entonces los yinn al pasar frente a él pensaban que aún estaba con vida y seguían trabajando.
2 Una termita.
3 Es común encontrar en mucha gente el concepto errado de que los yinn o los demonios tienen conocimiento de lo oculto. Los yinn desviados, que se convierten en demonios, ayudan a difundir esta noción. Pero Dios nos muestra la falsedad de este concepto al revelarnos la historia del Profeta Salomón.
Tafsir
14. Cuando decretamos la muerte de Salomón, los yinnes no se dieron cuenta de su muerte hasta que las carcomas royeron el bastón en el que estaba apoyado. Cuando su cuerpo cayó, a los yinnes les quedó claro que no conocían lo oculto, ya que si así fuera, no habrían permanecido sometidos llevando a cabo las difíciles tareas que les imponían.