وَلَقَدۡ ءَاتَيۡنَا لُقۡمَٰنَ ٱلۡحِكۡمَةَ أَنِ ٱشۡكُرۡ لِلَّهِۚ وَمَن يَشۡكُرۡ فَإِنَّمَا يَشۡكُرُ لِنَفۡسِهِۦۖ وَمَن كَفَرَ فَإِنَّ ٱللَّهَ غَنِيٌّ حَمِيدٞ ١٢
Walaqad ātaynā luqmānal-hikmata anishkur lillāhi waman yashkur fa innamā yashkuru linafsihī waman kafara fa innallāha ghaniyyun hamīd
12. Agracié a Luqmán1 con la sabiduría [y le dije]: “Sé agradecido con Dios, pues quien agradece lo hace en beneficio propio, mientras que el ingrato debe saber que Dios no precisa del agradecimiento [de las personas] y es digno de toda alabanza”.
Notas
1 Los sabios tienen distintas opiniones sobre si Luqmán era un Profeta o solo un hombre sabio, y la mayoría se inclina por esta última opción, ya que en el Corán Dios solo menciona que le concedió sabiduría, y no menciona la profecía ni la revelación. El ejemplo de su sabiduría lo podemos ver en el importante consejo de vida que transmite a su hijo, evidenciándole lo mejor de este mundo y el más allá.
Tafsir
12. Ciertamente, le concedí a Luqmán la comprensión de la religión, y le dije: “¡Luqmán! Agradece a tu Señor por la bendición que te ha concedido de poder obedecerle. Quien agradece a su Señor, su gratitud solo lo beneficia a sí mismo, pues Al-lah no necesita de ello, y quien rechaza Sus bendiciones, solo se perjudica a sí mismo, pues su rechazo no hace daño a Al-lah en lo más mínimo; de hecho, Al-lah es totalmente independiente de Su creación y es digno de toda alabanza”.