فَإِذَا جَآءَتۡهُمُ ٱلۡحَسَنَةُ قَالُواْ لَنَا هَٰذِهِۦۖ وَإِن تُصِبۡهُمۡ سَيِّئَةٞ يَطَّيَّرُواْ بِمُوسَىٰ وَمَن مَّعَهُۥٓۗ أَلَآ إِنَّمَا طَٰٓئِرُهُمۡ عِندَ ٱللَّهِ وَلَٰكِنَّ أَكۡثَرَهُمۡ لَا يَعۡلَمُونَ ١٣١
Fa idhā jā'athumul-hasanatu qālū lanā hādhihī wa in tusibhum sayyi'atun yattayyarū bimūsā wamam ma'ahū alā innamā tā'iruhum 'indallāhi walākinna aktharahum lā ya'lamūn
131. Pero cuando les llegó nuevamente una época de prosperidad dijeron: “Esto es lo que merecemos”. Cuando les acontecía un mal le echaban la culpa a Moisés y a sus seguidores [por considerarlos de mal agüero]1; pero cuanto les ocurría era porque Dios así lo decretaba, aunque la mayoría de ellos lo ignoraba.
Notas
1 El agüero es una práctica de adivinación basada principalmente en la interpretación de señales como el canto o el vuelo de las aves, fenómenos meteorológicos, etc. Esta propensión es causada por temor o ignorancia, atribuyendo un carácter sobrenatural u oculto a determinados acontecimientos. Por eso Dios advirtió que tales sucesos no tienen relación con el destino y la suerte de la persona, sino que es Él quien decide y destina todas las cosas. La creencia en los agüeros anula la perfección del monoteísmo.
Tafsir
131. Cada vez que el pueblo del Faraón experimentaba riqueza, buenas cosechas y una economía próspera, decían: “Es porque lo merecemos”. Pero si les acontecía una desgracia, como sequía o hambruna, enfermedades y otras dificultades, entonces culpaban a Moisés y a los hijos de Israel que estaban con él por su infortunio. Sin embargo, las desgracias les sucedieron por el decreto y el permiso de Al-lah, y ni ellos ni Moisés u tuvieron responsabilidad alguna en el asunto, excepto por las súplicas de Moisés contra ellos. Pero la mayoría de ellos lo ignoraban, y atribuían los acontecimientos a otras causas y no al decreto de Al-lah.